Es cuestión de puntos de vista.
A veces se tiene la capacidad de ver ciertas realidades desde un prisma insoportablemente positivo. Entonces uno va a la universidad, hace un examen y le sale del carajo. Qué bien. El mismo examen realizado en un periodo de aplastamiento cerebral por cualquiera que sea la razón puede parece una auténtica catástrofe.
Ahora bien, si el punto de vista se convierte en algo más que eso, si la cuestión del estado de ánimo merma las capacidades, entonces da igual cómo se haga el examen: saldrá mal. Y así sucesivamente.