Sin ropa apunta al espejo y no sabe que es él. Amenaza con faz seria, calculadora. Apretando los dientes dispara una bala invisible, que penetra en su pecho: el espejo no se rompe. Su gesto se tiñe de dolor y furia porque el espejo lo ha herido y vuelve a disparar, para derrotarlo. El dolor sentido va creciendo y su furia se va desatando como una tempestad en alta mar. Cuanto más furioso, más daño se hace. No sabe que es él.
Los cuatro últimos texto me encantan, transmiten mucho. Enhorabuena
muchas gracias!!
La verdad es que escribo bastante menos de lo que me gustaría, pero uno no siempre tiene tiempo de hacer lo que le gusta. Un saludo!